Me llevó el contador a una oficina de gobierno para hacer un trámite. Ya habíamos salido y caminabamos de regreso a nuestra oficina cuando, detrás de nosotros, venía una señora con dos niños: uno como de dos años y otro como de cuatro. Al de dos años lo traía cargado y el de cuatro venía caminando. De pronto, la señora medio enojada y medio distraída le gritó al pequeño que caminaba: "¡Andale, correle!", y en cuanto el niño pegó la carrera, se escuchó otro grito que decía: "Despacito Juanito, despacito". Cuando el pequeño hubo disminuido el paso, se oyó nuevamente a la mamá decir: "¡Pero apurale!". Esto se repitió en unas tres ocasiones. La verdad me desesperé y entonces me detuve, di la vuelta y le dije: "Por favor señora, decidase ya. O corriendo o despacito, pero ya. Pobre niño, ¡ni el ni yo estamos aqu...